DE CONTRAVENCIONES Y EMPANADAS: Crónicas de una libertad condicionada


¿Cómo puede ser ilegal comprar una empanada en espacio público? ¿Se cataloga como abuso de poder el desalojo de los vendedores informales? ¿Hay una errónea interpretación de la ley? Este y muchos otros interrogantes deben estarse haciendo la ciudadanía luego del escándalo mediático que se desató tras la multa de un joven por comprar una empanada en espacio público. Pero este blog no está diseñado para que hablemos de las empanadas, nuestras preguntas han cruzado otras fronteras porque entendemos la simbología que hay detrás del control excesivo de la cultura, de las leyes formuladas sin enfoques territoriales y del fracaso del Estado Social de derecho.

Son las seis de la mañana y llegar a los lugares de trabajo es el afán de la mayoría de caribeños, y ni hablar de los territorios ribereños, ya en la puesta de sol las atarrayas se han soltado en la orilla de la ribera esperan los niños ansiosos lo que la marea habrá de traer, nos han dicho que nos indignamos de más, que una empanada no representa nada aún, que es el mero control estatal a la informalidad laboral, la misma que aumenta los índices de ocupación del DANE, pero atenta contra las cifras que le dan dinamismo a la economía del país,  y es que ¿puede un Estado vivir de empanadas?.

Los comentarios de los ciudadanos se entrecruzan entre la justificación del día a día que genera llevar un plato de comida a la mesa, porque ya no nos sabemos del territorio, de repende hasta en los noticieros los presentadores andan diciendo irresponsablemente que la pobreza es sinónimo de ser Venezuela, y le quitaron el peso a la pobreza de Colombia, a la marginal, a la que subsiste por la ocupación y que representa la actividad financiera del ciudadano común, en más de un cincuenta por ciento. Un señor en el transporte público se afana en explicar que la sanción impuesta se hizo sustentando el artículo 140 numeral 6 del nuevo código de policía, que recordemos entró en vigencia con la ley 1801 del 2016, otra señora dos asientos más atrás menciona que es importante precisar que el objetivo del nuevo código de policía es el de establecer las condiciones para la convivencia, así lo estipula el artículo primero del mismo, y la señora de trenzas que acompaña al conductor del transporte público hace una sabia pregunta “¿Y es que la multa que le pusieron al joven por comprar una empanada en vía pública aportó al establecimiento de las condiciones para la convivencia ciudadana?” Todos mueven la cabeza de un lado a otro negando la pregunta de la ciudadana, algunos se asombran de cómo la sabiduría popular puede contrarrestar cosas que parecen inmodificables, como las leyes, esas que hacen un poco de hombres de corbata a unas dos horas en aire de tierra caliente.

Y es que no les indigna solamente no poder comprar su manjar de inicio de día, sino la autoridad, esa que los reta día a día con bolillos y palabras soeces, porque creen que la autoridad va cargada de beneficios, y se olvidan que aquellos que portan uniforme, son los primeros en tener obligaciones, y aparte, son garantistas para que la ley se cumpla, si, la misma ley que está cimentada en una constitución creada para un estado social de derecho en donde prima la protección de la dignidad humana, es que parece que eso no lo aprendieron en sus escuelas de formación, que al final, ellos protegen nuestra dignidad en la construcción de sociedad, porque al final la ley no es más que una expresión de la democracia indirecta.

Entonces Dios y patria, ahora tiene una mutación, su protección es Dios, la patria y la sociedad misma, los ciudadanos que trabajan y comen empanadas. Pero la acción contraria también es igual de reprochable, culparlos a ellos por las acciones de los legisladores, boicotear la autoridad nos ha puesto de espalda al respeto de las instituciones, porque las instituciones parecen estarnos dando la espalda mientras nos dicen “Ustedes nos saben como funciona esto, sólo nosotros sabemos lo que es bueno para ustedes”, y viene acompañado del chip de las fallidas cátedras para el desarrollo del pensamiento crítico, porque si hoy descubre lo de las empanadas, que pasara cuando  descubran e control sobre los recursos naturales, sobre nuestra salud, qué pasará cuando nos demos cuenta que nos robaron la libertad y solo nos dejaron un libreto medio construido en donde podemos ser bufones, reyes o nada.

Entonces volquemos este diálogo de un bus común hacia las soluciones, el chofer dice que el problema es que no hablaron con el pueblo para contarles en qué andaban, un día cualquiera no pudo dejar la buseta parqueada para tomar una cerveza en su tienda de confianza porque ya los tenderos decían que los iban a multar, y luego llegó el colmo, “¿Y que pasará con las frutas que compro en las esquinas, y el mercado de la casa, la chicha de arroz y las galletas griegas que le llevo a mis hijas, eso también se irá?”, “se irá poco a poco”, dijo un hombre sentado en una de las ventanas que daban hacia el comercio ambulante de la 72, “La cosa se está poniendo maluca”. Entonces no es solo generar pedagogía, porque como aceptas algo que va contrario a tu desarrollo humano, a tu ser, las fallas en el sistema deben llevarnos a solucionar los problemas de fondo, ¿Cuando se reglamentará sobre la importancia de legislar con enfoques de territorio?, ¿Cuándo dejaremos de tener normas ajenas a nuestras costumbres? ¿Qué eso no hace parte de nuestra dignidad humana, qué eso no hace parte de nuestros derechos y libertades?¿qué el modelo que había fallado no era el neoliberal?,

Así que apreciada ministra, Gloria María Borrero, aquellas mafias de las que habla, las que se generan en los espacios públicos, están haciendo más daño en las esquinas oscuras donde sus ojos pasan desapercibidos, en donde la justicia flaquea, en esos territorios de nadie, en donde el Estado es un hombre, y su ejército camina entre los ciudadanos generando adicciones de las que luego, ni una empanada logra cambiar.

¡No son contravenciones!, no somos cómplices, no estamos fracturando el orden legal de las cosas, somos ciudadanos, caribeños, activos, llenos de acciones y propuestas que van más allá del ají, que no se pueden quedar cortas porque nos hacen lejos de las decisiones, los sistemas están peligrando porque el pueblo está despertando, y si te metes con sus placeres más banales, te metes con su activismo más puro. ¡La ley, la ley, el problema en últimas es la mala construcción de una ley!