Hablemos de liderazgos en la región Caribe.


La región caribeña de Colombia está conformada por ocho departamentos, es bañada por siete ríos y cuenta con los puertos más importantes del país. Sus habitantes, muy caribeños o muy costeños, alegres, trabajadores y echaos pa’lante, estas dentro de las características que más nos identifican como pobladores de esta región.  Sin embargo, hay ciertos elementos que no podemos dejar de lado, porque incluso dentro de la misma región existen algunas peculiaridades que nos hacen muy diversos. Los tantos municipios que hacen parte de la región Caribe colombiana cuentan con características propias de su contexto, es por ello que en ella vamos a encontrar zonas montañosas, otras rodeadas de más de un río, veremos sabanas, playas, salinas, el campo, la ciudad y por supuesto zonas industriales. Estos espacios aparte de brindarnos una rica diversidad nos impone grandes retos a los caribeños, pues no solo el desarrollo sino la preservación de las riquezas que poseemos depende ciertamente de la proyección con la que se trabaje.

La región necesita de buenos liderazgos capaces de abanderar la gestión de proyectos y programas que impulsen el desarrollo no solo a nivel de región, sino que aporten a la toma de decisiones a nivel nacional. Si se hace la revisión en temas de liderazgos, encontramos que, en comparación con el resto del país, y principalmente con respecto a la región Andina, se reconoce el rezago del liderazgo del Caribe colombiano tanto a niveles económicos como políticos.

Adolfo Meisel hace una interesante reflexión sobre este tema en su libro de bolsillo titulado “El liderazgo y el futuro del Caribe colombiano.” Donde expone algunas razones que intentan explicar el porqué de esta eventualidad. Es así como se menciona que la configuración tanto económica como social de la región influye en la debilidad estructural de la élite dirigente evitando una efectiva participación política que deriva en obstáculos para la buena educación, la solución de problemas de desigualdad, pobreza, entre otros. Así como también se expone la ausencia de la región Caribe colombiana ante los centros de toma de decisiones nacionales que ciertamente dificulta la consolidación de políticas en beneficio de la región. Otro factor que Meisel menciona es la falta de legitimidad política y esto debido a dos principales razones: los estereotipos acerca de los costeños y la presencia de actos de corrupción.

De esta manera se hace evidente como las fuerzas de liderazgo son tan importantes para la transformación, el avance y desarrollo, puesto que es la brújula que direcciona los éxitos o fracasos de una sociedad. Si bien, no podemos ignorar se han presentado proyectos importantes como el logro de la RAP CARIBE (región administrativa y de planificación) una herramienta para planear y pensarse el desarrollo regional que le permite apostar por mayor autonomía y menos dependencia del centro. Otro hecho puntual que no se puede pasar por alto es la capacidad electoral que tiene el Caribe colombiano, nuevamente Meisel mencionaba que la región tiene la fuerza electoral para definir elecciones, pero no para generar influencia en el poder del gobierno central.

Parece que es hora que en el Caribe colombiano surjan nuevas fuerzas líderes que asuman con total responsabilidad el papel de transformadores. Por cierto, cuando hablamos de líderes no solo debemos pensar en términos de liderazgo político sino también en los líderes que deben nacer desde la academia, la investigación, la sociedad civil, los sectores privados e incluso los jóvenes que sean capaces de cumplir al menos tres de las características básicas que se requieren para un buen liderazgo: Disciplina, responsabilidad y buena toma de decisiones.

Soñarse un futuro próspero para la región Caribe colombiana implica que las universidades empiecen a generar más espacios que permita el impacto real a la sociedad, que las empresas construyan nuevas ideas económicas que permitan la generación de riquezas y que los jóvenes sientan la necesidad de formarse para no repetir los errores de los que antes ya estuvieron al mando. Por supuesto que un buen liderazgo trae desarrollo, transformación, sociedades más organizadas y formadas, menos pobreza y más oportunidades, ¿y no es así como nos soñamos el Caribe colombiano?

El trabajo no para y la invitación es a reflexionar sobre aquellas fallas que se necesitan modificar y no repetir, sobre las acciones efectivas que necesitan ser multiplicadas y revisar que trabajo estamos haciendo cada uno como ciudadano caribeño para aportar al cambio y a la generación de nuevas ideas que den paso a una nueva era de líderes transformadores de región y de país.